Cuando usamos la casa de nuestros padres como trastero emocional
- metodoordenologa

- hace 4 días
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Hoy quiero contarte una historia real. No es la primera vez que me la encuentro, pero sí una de las que más me ha marcado como organizadora profesional.

Hoy quiero contarte una historia curiosa. Y digo curiosa porque, aunque tuvo un giro inesperado, no es la primera vez que me encuentro con algo así. Tiene que ver con algo que repito muchas veces: como hijos, utilizamos las casas de nuestros padres como trasteros.
Todo aquello de lo que no queremos —o no sabemos— desprendernos cuando ya somos adultos e independientes, solemos dejarlo en casa de nuestros padres. Es cómodo. No ocupa nuestro espacio. Y, sobre todo, no tiene ningún coste emocional porque no tenemos que tomar la decisión de qué hacer con ello.
Este proyecto, sin embargo, me marcó especialmente por la carga emocional que descubrí detrás.
Un regalo con buena intención
Me llama una hija que quiere regalarle a su madre unas sesiones de orden. Su madre acaba de jubilarse tras una larguísima trayectoria como docente. Ha pasado toda su vida rodeada de cuadernos, libretas, papeles, regalos de alumnos, recuerdos de años y años de profesión.
Su hija siente que todo eso le pesa, que no la ayuda en esta nueva etapa, que su madre no es capaz de desprenderse de nada y que eso le impide avanzar hacia una vida más ligera.
A simple vista, la idea me parece preciosa. Muchas veces la vida profesional nos absorbe tanto que gestionamos el entorno como podemos: guardando, acumulando, posponiendo decisiones.
Lo que parecía el problema… solo era una parte
Cuando llego a la vivienda, efectivamente encuentro espacios saturados de objetos con una carga emocional enorme. Toda su vida como docente estaba allí: cuadernos, hojas, regalos, recuerdos…Y sí, aquello pesaba. Se notaba.
Hasta aquí, una historia bastante habitual.
Pero entonces llegó el gran giro de guion.
El verdadero peso no era solo suyo
Aproximadamente solo un 40 % de los objetos eran realmente suyos. El otro 60 % pertenecía a su hija.
Trabajos del colegio
Apuntes de la universidad
Recuerdos de su juventud
Regalos de amistades que ya ni existían
Objetos que su hija no quería llevarse a su propia casa. Objetos sobre los que no quería tomar decisiones. Objetos que, sin darse cuenta, había colocado en la mochila emocional de su madre.
Y esa madre, que deseaba un hogar más libre, no se atrevía a desprenderse de nada porque sentía que hacerlo era traicionar a su hija.
Mientras tanto, esa misma hija deseaba que su madre avanzara, que tuviera paz, ligereza, calma…Pero ella no era capaz de hacer lo mismo con sus propias cosas.
Utilizar la casa de nuestros padres como trastero no es inocente
Muchas veces no somos conscientes del peso que dejamos en casa de nuestros padres. No solo es físico. Es emocional.
Cuando dejamos allí nuestras cosas, también dejamos:
Decisiones pendientes
Etapas sin cerrar
Culpa
Apegos
Miedos
Y ellos, desde el amor, cargan con todo.
Reflexión desde el orden… y desde el amor
Debemos dejar de utilizar el hogar de nuestros padres como nuestro trastero. Si somos personas independientes, con nuestra propia casa, también debemos serlo con nuestras decisiones.
Nuestros padres tienen derecho a:
Respirar en su propio hogar
Vivir etapas ligeras
Soltar lo que ya no les pertenece
No ser los guardianes de nuestras mochilas emocionales en forma de objetos
Porque, aunque no lo parezca, esa también es una forma de amor: liberarlos de una carga que no les corresponde.
Ordenar también es un acto de responsabilidad emocional
Esta historia no va solo de objetos. Va de vínculos. Va de límites. Va de etapas. Va de aprender a sostener nuestras decisiones sin colocarlas en casa de otros.
Y, como siempre digo, nunca va solo de cosas. Ordenar es tomar decisiones que liberan.




